sábado, 17 de enero de 2015

Instinto ingobernable (Parte 1)

La cosa empezó un día de mucho calor. Los acondicionadores de aire de la casa estaban quemados por un golpe de tensión. Yo, que era el único que no tenía uno en mi habitación, disponía de un modesto ventilador de techo. Bastante potente por cierto.
Estaba viendo la tele recostado en mi cama. Serían las 11 de la noche de un día de vacaciones de verano. Como mencioné, hacía un calor insoportable. Mi hermana menor toca la puerta.

ELLA: ¿No querés ver Tiempos Violentos? Está empezando...
YO: La vi mil veces
ELLA: Dale, el living es un horno, no seas hijo de puta
YO: Ya la vi, ¿qué querés?
ELLA: Dale, un rato aunque sea
YO: Bueno... un rato. Si me pudro lo saco.
ELLA: Sí sí, dale, hasta que te pudras.
YO: ¡Sin protestar eh!
ELLA: Dale dale que ya empezó

Mi cama de dos plazas tenía la tele enfrente, a sus pies, como es habitual. Yo estoy recostado con unos almohadones contra el cabecero con el control remoto en la mano. Ella se acuesta en el sentido opuesto, boca abajo, con la cabeza al pie de la cama. Se acomoda su vestido veraniego para no quedar expuesta. Promediando la película se queda dormida. Cambio de canal, hago zapping. No hay nada que me interese así que bajo el volumen y pongo el porno. Ella tiene sueño extremadamente profundo.
Una morocha con cara de gato le está chupando la concha a una rubia tetona. La rubia grita exageradamente. No es creíble, pero pienso en la mujer que actúa mal subordinada por unos pocos pesos mientras le penetran la vagina a lengüetazos y me excito. Tengo ganas de hacerme una paja. Me incomoda hacerlo con ella ahí aunque sé que no se va despertar. Se me endurece la pija. Me la masajeo por afuera del pantalón. Quiero pajearme. Cambio de canal, pongo Tiempos Violentos de vuelta. La voy a despertar para que vaya a su habitación así me puedo pajear tranquilo. Acerco mi mano a su hombro, y justo en el instante en que la punta de mi dedo índice entra en contacto con su hombro, lanza un ¿gemido?.
¿Habrá sido un gemido? La examino. Sigue durmiendo profundamente.
-¡Aahh!
Eso sí fue un gemido. Está soñando algo. Algo porno. Mi pija está dura de vuelta.
Vuelvo a acostarme y pongo el canal porno de vuelta. Igualmente ella no se va a levantar. Las dos amantes siguen lamiéndose. La morocha se mete algo en la concha. Desenfundo mi pija dura.
Me la acaricio lentamente mirando a la pantalla. Mientras me pajeo lentamente voy mirando controlando que mi hermana no se despierte. Estoy muy excitado. La miro, acostada boca abajo. Me está calentando verla así, entregada, con su sueño húmedo. Está mal. Muy mal. Pero no me importa nada y en esa embriaguez hormonal, con mi pija hecha un mástil agarrada con una mano le levanto despacio el vestido y queda ante mis ojos culo hermoso con una bombacha roja. Hermoso. Estoy loco.
Quiero olerla. Acerco mi cara a su entrepierna y siento el perfume de sus jugos.
Quiero tocarla. Acerco mi dedo índice a su vagina. Toco muy despacio la tela de la bombacha, húmeda. Huelo mi dedo. Estoy en el cielo.
Acabo todo en mi mano, la tapo y voy al baño a limpiarme. Me miro al espejo. Me siento repugnante. Doy asco.

- Ey, ey, despertate, te quedaste dormida- Mi voz es rara. Parece la voz de otra persona. Se levanta. Balbucea algo y se va. Escucho la puerta de su habitación que se cierra. Me siento mal. Culpable. ¿Estaré enfermo? ¿Soy un hijo de puta?

Continuará...

domingo, 8 de enero de 2012

La mejor amiga de mi novia

Esto pasó hace dos años. Pasó en serio. El que lo quiera creer que crea y el que no no me importa. En ese entonces salía con Lorena. Una pendeja muy linda que iba conmigo a la escuela secundaria. No tenía un cuerpo de revista. Pocas tetas pero una retaguardia que rajaba la tierra. Desde bien chica se había hecho fanática de los mini shorts, las polleritas y las calzas, lo que despertaba silbidos callejeros y gritos de degenerados de todo tipo.
Por esa época íbamos a la escuela secundaria y teníamos clase de gimnasia después la escuela en un polideportivo que quedaba lejísimos. Por lo general íbamos en el micro de la escuela, pero teníamos que llegar a horario para cuando partía, si no había que arreglárselas en transporte público, que era un viaje mucho más largo y se viajaba como ganado. Ese día, mi novia, Lorena, había faltado. Yo tenía que ir a clase sí o sí, ya que estaba hasta el cuello de faltas. Estábamos almorzando la mejor amiga de mi novia (Alicia), un amigo y yo y charlando se nos hizo tarde, así que nos tuvimos que tomar un colectivo para ir al Poli. Cuando nos subimos no estaba muy lleno, pero en una parada que había cerca de la estación de tren empezó a entrar gente a lo loco. Íbamos apretados como sardinas y a la amiga de mi novia se le paró un tipo atrás que le empezó a apoyar su organo sobre el culo. Era una pendeja muy tímida y linda. Yo le veía la cara de incomodidad y la traje frente a mi, manteniendo un espacio. Mi amigo entendió rápidamente que debía pararse atrás para protegerla. Ella me agradeció y me dijo que el tipo la había apoyado, cosa que ya había visto. Yo le dije que no se preocupara, que nosotros dos la íbamos a cuidar y ella me sonrió. Pero al colectivo seguía subiendo más y más gente, hasta que ya no pudimos mantener la distancia corporal. Alicia quedó pegándome las tetas a la altura de la boca del estómago. El roce me empezó a calentar como loco. Sus pezones se perfilaban como puas a punto de atravesar el corpiño y la remera. En eso lo miro a mi amigo que seguía detrás de ella. Me hacía una mueca que no podía descifrar. Las tetas de Alicia me seguían masajeando el pecho, mi verga estaba como una lanza tratando de atravesar el pantalón de gimnasia. Ella tenía los ojos cerrados y la cabeza levemente inclinada hacia abajo. Mi mejilla estaba al lado de la suya. Busqué la mirada de mi amigo para saber qué me quería decir. Miraba el culo de Alicia, así que vi que ella seguía con los ojos cerrados, me erguí y asomé por sobre su hombro. Él tenía su mano debajo de la pollera y le acariciaba el culo, manoseandolo alevosamente. Ver que se dejaba manosear el culo de tal manera me hizo calentar terriblemente. La quería tocar. Llevé mi mano a su entrepierna, por fuera de la pollera, para tantearla. Ella no hizo nada solo un gemido muy suave y ahí mismo me desenfrené, solté las pocas riendas que todavía sostenía y metí mi mano por debajo de la pollera, con el dedo le corrí la bombacha y la toqué, estaba totalmente empapada, mi amigo le metía el dedo en el ano y le masajeaba los cachetes, yo le tocaba el clitoris y luego sus labios vaginales y le metía un poco los dedos adentro. Al rato, ella ya habría tenido varios orgasmos cuando el colectivo llegó  a una parada en la que se bajaba mucha gente. Con los brazos nos sacó las manos de encima y se corrió a un costado acomodándose la pollera. Ahora miraba por la ventana sin decir nada. Ninguno habló. Cuando llegamos a la zona del Poli nos bajamos. Mi amigo rompió el silencio: "vamos a los baños del fondo". Alicia empezó a caminar para allá. Nos miramos y la seguimos. Mientras caminaba me acerqué la mano a la nariz. El perfume hizo poner como un semental.
Estábamos solos los tres. Le bajó el pantalón a mi amigo y le comenzó a chupar la verga como una tigresa. Yo mientras le tocaba la concha y las tetas desde atrás. No aguantó ni dos minutos. Le largó todo, ella chupó hasta la última gota y escupió prolijamente en uno de los lavabos. Él se echó a un costado, en el piso, exhausto, maravillado. Me tocaba a mí. Le empecé a chupar el cuello desde atrás. Ella todavía se agarraba del lavabo. Me bajé el pantalón y su bombacha, sin sacarle la pollerita, tenía la verga dura como la roca, se la apoyé en la entrada de la vagina, ella agachada sosteniendo la pileta me dijo "no", "soy virgen", por ahí no. Entonces le comencé a masajear la entrada del ano con los dedos. "Me tenés que chupar" dijo. Me arrodillé y comencé a lamer su ano, mezclándolo con sus fluidos vaginales que salían de a chorros, le metía la lengua bien adentro de su apretado ano y después los dedos, me puse saliva en la verga y comencé a embestirla. "Me duele mucho, me duele", agarré jabón líquido y me embadurné la pija y volví a penetrarla. Entró perfecto. "Me duele" repitió, la mandé más adentro y largó un gemido, yo mientras le tocaba el cĺitoris. Gemía como loca y le largué todo después de sólo algunas bombeadas. A todo esto mi amigo ya se había recuperado y quería más. "Dejame a mí" dijo. Yo sacaba agotado mi pija enjabonada de su culo. Ella seguía abrazada al lavabo. Mi amigo se la colocó en la entrada de la vagina. Ella dijo "por ahí no, soy virgen" y él dijo "te va a encantar". Ella dijo "no" y trató de zafarse pero él era muy fuerte y la agarró bien fuerte de los brazos. Ella decía "no no no soltame", pero él ya tenía su verga adentro y le estaba bombeando hasta el himen, ella seguía "no no no no". Los no se fueron convirtiendo en gritos de placer, ella seguía "no no no", pero con placer como gemidos, el himen cedió y corría sangre por su pierna, poca, y ella seguía "no no no no" con placer y él bombeaba y bombeaba, sin acabar la sacó y se puso jabón en la verga y a penetrarle el ano. Ya no estaban forcejeando hacía rato. Ella totalmente entregada. Le empezó a bombear el orto y después de pocos minutos le acabó adentro. Mi verga ya estaba tiesa de vuelta. Me limpié el jabón con agua y se la acerque a su cara. Le dije que me la chupara y empezó a lamer como loca. Quiero que me mires a los ojos le dije, ella me miró y yo le corrí los pelos de la cara y la miré cómo me chupaba la verga como si no existiera otra cosa en el mundo, y después de un rato le dije: "Quiero que te tragues todo". Y le repetí mirándola a los ojos, teniéndola de los pelos, "tragate todo" y largué todo, y ella mirándome a los ojos se fue tragando cada uno de los chorros hasta que no quedó nada. Los tres estábamos muertos. Pero nos arreglamos un poco y salimos. Ya era muy tarde para ir a la clase de gimnasia así que nos volvimos. Cada uno en su colectivo. Llegué a la casa de mi novia temprano. Para darle una sorpresa, sin tocar timbre me metí por la puerta del fondo que daba a la pileta. Ella estaba en la pileta. Pero no estaba sola. Pero eso es materia de otro relato...

domingo, 5 de junio de 2011

Laurita: la amiga de mi hermana

Mi nombre es T. En esa época tenía 17 y como todo adolescente estaba hecho un volcán hormonal. Estaba en receso escolar y por primera vez no me había llevado ninguna materia, así que me pasaba todo el día encerrado en mi habitación haciéndome la paja y jugando a la computadora. De vez en cuando veía a alguno de mis amigos, pero casi todos estaban veraneando en la costa o en Brasil. Mi hermana y sus amiguitas tenían dos años menos que yo.

Ese día hacía un sol que rajaba la tierra. Me estaba tratando de conectar a internet pero la PC decía que la línea estaba ocupada así que levanté el teléfono. Era mi hermana. Hablaba con su amiga Laura, una perrita morocha que le haría endurecer la verga a una estatua de Sarmiento. La invitaba a nuestra pileta, lo que hizo de mi pecho un terremoto de ansiedad y excitación. Ahí nomás me empecé a tocar la verga escuchando la voz de Laurita. Por momentos se intercalaba con la de mi hermanita, lo cual me cortaba la calentura, pero no tardé mucho en descargar toda mi leche en un cacho de papel. Me tiré en la cama, relajado. Cuando desperté miré a la pileta por la ventana. Todavía no había llegado. Serían las tres de la tarde. Bajé a preparame un sándwich. Papá y mamá estaban afuera, como de costumbre. Seguramente estarían en la quinta que tenemos en E. con amigos. Mientras comía se me acercó mi hermana. Estaba en bikini.


- ¿Che cómo me queda? Es la que me regalaron en navidad ¿mejor que la azul?

- Sí sí, ésta está mejor.

- ¡Pero si ni me viste tarado!

- No me jodas


No teníamos una relación muy fluída. Poco díalogo y muchas muchas peleas que muchas veces terminaban en violencia física. De su parte, claro.
Terminé rápido el sándwich y me puse la malla. Quería estar en la pileta para cuando llegara Laurita para no dar la impresión de que era un baboso.

No tardó mucho en llegar, pero no fueron a la pileta. Se encerraron en la habitación. Todas las amigas de Laurita -incluída mi hermana- nunca se cansaban de decir lo increíble que era su cuerpo. Y yo estaba a punto de confirmarlo. Me puse a nadar como loco para calmar la calentura y los nervios. Cuando finalmente llegaron a la pileta estaba relajado tomando sol. Pero me duró poco la paz. Laurita apareció con una mallita blanca infartante, diminuta. Casi podía adivinar cómo el agua de la pileta trasparentaría su conchita adolescente y sus pezones. Me sentía un toro en celo, poseído, a punto de tirármele encima y violarla sin importar nada. Era sin duda el cuerpo más delicioso que hubiera tenido cerca. Pero lo más atractivo era cómo se movía, cómo saludaba, cómo hablaba. Parecía realmente una felina exageradamente lasciva cuyo único objetivo en la vida fuera parar cuanta verga se le cruzara. Se me acercó y me saludó afectadamente. Inhalé profundamente su perfume y sentí ganas de lamerla. El sol todavía estaba fuerte. Laurita y mi hermana se recostaron en sendas reposeras, una al lado de la otra. A los pocos minutos mi hermana se tiró a la pileta. Laurita sacó su protector solar de un estuche y se empezó a untar el cuerpo con ceremoniosidad, como un rito sexual que hipnotizaba mi pija. Yo la miraba fantaseando.
Y ahí nomás... como si los dioses hubieran escuchado años y años de laboriosos rezos y oraciones masturbatorias...
Ahí nomás, llamandome por el nombre (un yunque de ansiedad me golpeó violentamente el pecho), largó: ¿me pasás un poco por la espalda?

No logré sacar sonido alguno de mi boca, así que me levanté en silencio y me senté en el borde de su reposera tratando de ocultar mi turbación. Ella: boca abajo, entregada. Comencé con su nuca, lentamente pero con fuerza. Su piel era suave, joven.
Después los hombros. El filo de sus huesos hizo sentir que de algún modo la penetraba, que era el interior de su cuerpo lo que tocaba. Después deslicé mi mano encremada a la zona de la espalda donde se ata el corpiño. Ella sin decir nada lo desanudó de un pellizcón. Esto me puse loco. En cualquier momento me bajaba la malla y la sometía ahí mismo. Seguía con el masaje lubricante acercando prudentemente mi nariz a su culo duro y olí el vapor que manaba su zona genital. Mi hermana estaba mirando desde la pileta así que me enderecé. No me importaba demasiado. Por momentos, con la mano encremada, rozaba el costado de sus tetas que sobresalían presionadas por la reposera. Bajé hasta su cintura. Mis ojos escaneaban esa cola sólida como la roca. Muy despacio mis movimientos circulares tocaban cada vez menos cintura y cada vez más nalga. ¡Qué culo por dios! Ella no decía nada así que seguí avanzando. Llegué al centro del cachete de la cola. Ella muda. Avancé. Llegando a la raya y ahí mi hermana volvió. Laurita carraspeó y yo subí instintivamente la mano de vuelta a la cintura. Tenía la verga dura como el acero, cosa que disimulaba con una de mis rodillas medio levantadas. Mi hermana nos miraba mientras se secaba el pelo distraidamente con un toallón.


- Ay T., ¿me pasás a mi tambíén? (me quería cortar el clima con su amiga sólo para molestarme la muy forra)
- Ni en pedo.
- Dale, no seas malo con tu hermanita. - Intervino Laurita.


Mi hermana sonrió y se recostó boca abajo en su reposera mirando para el lado contrario de donde estabamos. Embroncado, me senté en su reposera. Laurita me miraba el bulto, que conservaba su tamaño de lanza.

Comencé a pasarle bronceador a desgano a mi hermana. Laurita que me seguía mirando la verga y para cebarme se acomodó la malla en el culo, metiéndosela bien en la raya. Mi verga creció aún más y me la tuve que acomodar con la mano que tenía libre. Sin sacarme los ojos de la verga se me acercó como una hiena hambrienta. Tiró del elástico de mi malla, liberando mi verga que despuntó como un mástil. Y se la metió en la boca. Chupaba con delicadeza y confianza. No era la primera pija que se devoraba. Yo, con una mano le continuaba pasando bronceador a mi hermana que seguía sin darse cuenta de nada, mirando para el otro lado. Con mi mano libre tomé la cabeza de Laurita, clavaba la vista en la mano que acariciaba el cuerpo de mi hermana. La levanté y la llevé a una de sus hermosas tetas que estaban al aire, pero ella me la tomó y la puso de vuelta sobre la cintura de mi hermana. Después tomó mi otra mano y la llevó a una de las piernas de mi hermana. Quería verme tocarla mientras me la chupaba.
Le pasé bronceador por la cintura. Tal como había hecho Laurita, mi hermanita se desabrochó el corpiño de un pellizcón. Masajeé con fuerza sus hombros, su cuello, su espalda. La masajeaba con pasión mientras Laurita me la chupaba. Con una mano, Laurita, se empezó a tocar su conchita lampiña. Mi excitación se tornó ingobernable. Seguí acariciando a mi hermana cada vez más desembozadamente. Laurita se paró y me susurró "ahora tocala". Volvíó a su reposera y tocándose se llevó una mano llena de fluidos a la boca y la lamió con gula mientras miraba como tocaba a mi hermana. Yo estaba loco. Ahora tenía mi verga huérfana. Miré el cuerpo de mi hermana y lo deseé con locura mientras masajeaba cada vez más cerca de sus tetitas, cada vez más cerca de su cola. Sentí la compulsión de olerla, oler su conchita. Me acerqué y olí sus jugos. Estaba encendida como loca la muy putita. Le puse la mano en una nalga, despacio, ella muda, comencé a masajearle la cola, ella nada, yo tocándole esa cola hermosa y ella no decía nada, Laurita mirando, tocándose y chupándose una mano. No pude más, le corrí la mallita enterré de una mi lengua en su conchita virgen. Ella dijo despacio “no, no, no ” y comenzó a largar una serie de gemidos apagados y agudos. Ahí giró el cuello y miró a Laurita mientras yo le metía la lengua lo más que podía en su conchita jugosa y lengüeteba sus labios vaginales y su clítoris. Era deliciosa. Laurita se acercó a la cabeza de la reposera y se abrió de piernas frente a mi hermana que la empezó a lamer desaforada. Los gemidos de mi hermana se hacían cada vez más fuertes hasta que acabó.
En el silencio pasé a lamer su ano apretadito. Lamía todos los alrededores del ano, de su conchita, y cada tanto le iba metiendo la lengua en el ano. Ella le seguía chupando la concha a su amiga, que me miraba a mí. Yo metía la lengua cada vez más adentro. Era una auténtica penetración con la lengua. Pero no daba más, mi pija no daba más. Tenía que penetrarla. Puse la cabeza de mi pija en la entrada de su conchita apretada. Empecé a avanzar. Me paró en seco, mirando para atrás: “pará! soy virgen tarado”. Así que agarré mi verga, la llené de bronceador y la puse en la entrada de su apretadito ano. La muy trola me dice “ahí sí” agarra mi falo y relajando el orto se mete la puntita, sólo la puntita, diciendo “esperá un poquito”. Yo no aguanto más, avanzo. “¡Pará pará, me duele!”, y yo le digo que si paro se la meto en la concha así que ella se calla. Bombeo. Empieza a gemir de vuelta, como una loca, desaforada, retoma la conchita de su amiga. Mientras bombeo me inclino cerca de su nuca, me llega el olor embriagante de los jugos de su amiguita, y le digo: “mirame” y sigo bombeándole la cola, bombeo y bombeo, y ella gira el cuello, me mira a los ojos y ahí nomás le digo: “sos mi puta sos mi puta a partir de ahora sos mi puta”, y le largo todo bien adentro.